viernes, 6 de junio de 2008

La pequeña rosa


 
 
 
 
La pequeña rosa dormida:Una tarde sentados al abrigo de la mesa camilla, un pequeño brasero calentando los pies escondidos bajo la humilde mesa, sobre la cual había un mantón bordado con flores de azucenas, que semejaban salirse de la hermosa tela, para florecer en la estancia medio alumbrada de la casa. En el aire flotaba un aroma a rosquillas de azúcar recién hechas por las manos suaves de la abuela, que sentada junto a la mesa con sus cansados ojos tras los cristales gastados de sus gafas, comienza a contarnos historias y cuentos, que la vida le ha dejado en sus canas blancas de dulce apariencia. Y dice: Había una vez.  Una niña muy pequeña de tez blanca y pelo moreno ensortijado, ¡muy hermosa! pero también pobre… Pero que muy pobre, que estaba cuidando un rebaño de cabras en la ladera de un monte muy cercano a estos parajes. Un día muy caluroso, al calor del mediodía, quedó dormida por el cansancio que suponía para su pequeño cuerpo, el trabajo acumulado, y sobre la hierba, acomodó su frágil silueta, para sumirse en un profundo sueño. Y empezó a soñar que era como las golondrinas de la primavera, y volaba por encima de las montañas, para luego bajar al rio, y con su pico, recoger el barro para formar su nido, Bajo los tejados de las casas del pueblo, donde la pequeña pastora nació. Con su vuelo se acercó a la ventana de una casa, y a través de los cristales, observó como unos muñecos hechos de trapos viejos, con agujas de oro e hilo de plata, bordaban un manto, para una señora bellísima, de apariencia angelical, que sonreía mientras veía asomada a la ventana, a la frágil golondrina. Aquella señora, tenía una luz resplandeciente, y se acerco a la cara de la golondrina para darle un dulce beso, y susurrarle con voz muy dulce al oído… Pequeña golondrina, vuela alto, y tráeme con tu pico, una rosa blanca que duerme en la montaña, pero ten cuidado, no las vallas a despertar, pues podría perder su hermosura de blanca porcelana. La golondrina alzó su vuelo y con sus alas azules de primavera, atravesó el cielo para buscar la rosa dormida en la montaña, y la cogió con su pico sin apenas rozarla, para no perturbar el sueño de la pequeña rosa. La golondrina depositó la blanca rosa con amor sobre las manos suaves de la señora, y esta… Acariciando sus pétalos blancos como las nubes, la puso dormida sobre una cama de mullidos cojines de lana nueva y la tapó con el bello manto que los muñequitos habían bordado. Y susurrándole al oído con suaves murmullos; Le dijo: mañana despertarás siendo la niña más feliz de la tierra, pues crecerás, te casarás y tendrás un marido honrado, que te amará ante todas las cosas. Y serás madre de unos niños preciosos y cuando tus hijos sean mayores, te darán unos nietos encantadores, que oirán con atención las historias que tú les cuentes. Y sentados al refugio de una mesa camilla, soñarán que son golondrinas de primavera, para volar hacia el cielo de la alegría, y jugar con una rosa blanca dormida en la montaña. Que les contará cuentos, y les hará rosquillas de azúcar.

F. Rubio