domingo, 1 de junio de 2008

Viejo trovador





Viejo trovador

Paseando por senderos trazados
por las huellas de los amantes,
mirando los corazones tatuados
en la corteza de los arboles,
me encontré como un viejo trovador
que paseaba enamorado
entre las hojas marchitadas
por el otoño lánguido del tiempo,
sintiendo el murmullos de las piedras
que a mi paso me contaban
historias de primaveras adormecidas
en el crisálido letargo de la vida,
que se apagaron escondidas
tras las tiernas caricias de la adolescencia
furtiva de besos entrelazados
por los labios de las estaciones del amor.
Amor que respiran las flores,
con susurros de viento perfumado,
explicando a mis oídos los recuerdos
que vivimos tras la sombra de la vereda
de nuestros cuerpos desnudos,
como levitando en los brazos de Morfeo
y soñando lo sentido sobre el manto de la hierba.
Me viene a la memoria el perfume de tu pelo
que como fragancias inolvidables
que no se perturban al tacto de la suave lluvia
que va calando mi alma,
como si fueran heridas que no cicatrizan,
porque sangran la savia del árbol
donde nuestro amor quedó grabado
y se hace eterno,
hoy recuerdo en mí,
el paseo de mi memoria ya cansada
y me siento en la piedra fría,
para contemplar esas letras
que mi mano puso en el árbol de nuestra vida.



F. Rubio