lunes, 28 de julio de 2008

El indigente



El indigente

Cartones amontonados en la escalera,
ropa sucia del maltrecho suelo,
tiritando de frío, el mendigo duerme,
en la puerta del cajero automático.
Gente que pasa y lo mira con hastío,
jóvenes que se burlan de su pobreza,
Miradas y risas que no le duelen.
Pues el dolor… Es su compañero,
sueña cada noche junto a el
y se juegan la vida a pares y nones.
La muerte se sienta en los cartones,
esperando su último amanecer,
¿Quizás mañana no despierte?
¿O quizás un ángel venga ha verle?
Amanece… No hubo suerte,
toca mendigar en el quicio de la puerta
de la catedral del santo padre,
¡que ironía! las beatas entran a rezar
por la humanidad de la gente,
pero pasan sin mirar al indigente.
Una lata vacía en el suelo, ni una moneda,
un cartel que dice.
“Para comida, por consuelo,
solo para comida, que dios te lo pagara
arriba en el cielo”
Pero no llega el samaritano,
otra noche sin comer, tumbado en los cartones,
con su compañero de juego. ¡El dolor!
y la muerte sentada a su lado,
esperando que sea el último sueño.

F. Rubio