martes, 14 de julio de 2009

A mi hijo

A mi hijo:
Anidando en el sembrado de mis manos
te dormías… como la alondra en las siestas veraniegas,
tú… levantabas la carita para mirarme,
yo… te besaba la frente,
y cerrabas los ojitos
sabedor de estar protegido.
Ahora ya casi vuelas en tu propio cielo y,
me cuesta acostumbrarme,
casi que me da miedo, cuando me dices hasta luego,
No, por tu destreza… si no, por la imprudencia de esta vida.
Trasnochadas temblorosas espero tu regreso,
y cuando siento el crujir de tu puerta,
mi corazón desacelera los minutos del silencio,
y mis alas… reposan.

Para mi hijo,, que la vida lo trate bien.

F. Rubio