martes, 4 de agosto de 2009

18 de agosto.



18 de agosto.

El terruño está de luto
y riega con sangre el olivo del barranco
donde se esconde la luna,
donde está llorando el arado.

En su surco lo han enterrado,
al de la mula torda,
al de la casa de Bernarda Alba,
la noche, lo ha callado.

Los grillos le lloran con su negro manto,
18 de agosto, madrugada de duelo,
se llevan al poeta, dejan la poesía muerta,
y su cuerpo en una fosa.

Caireles de lágrimas adornan la pena
de los cipreses, están tristes,
la fragua los llama, y Granada,
¡Ay…mi Granada!

Granada ha perdido su flor,
su rosa mora, la de la Alhambra,
la más roja,
la más gitana….la mas perfumada.

18 de agosto, ya de madrugada,
casi despuntando el alba
en la sombra de la elegía,
el cielo, de color rubí despertaba.

Como amapolas entre los trigales,
los dorados rayos del sol, entran en las heridas
que el albero va tapando con el rocío
de un crimen, fusilando sus palabras.

No lloran las campanas
ni tampoco cantan,
se le han quebrado las cuerdas
que tañen en sus gargantas.

Ya, los perros no ladran
y el gallo ha confundido la mañana,
hasta el sol,
de puntillas se asoma…tiene miedo.

Federico ha muerto,
y en el barranco hay una cruz en el suelo,
junto al olivo, en la mañana de verano,
18 de agosto, no te olvido.

F. Rubio. ©