viernes, 3 de diciembre de 2010

Yo soy la culpa:



 Yo soy la culpa:

Voy a pasar inadvertido por la vida
para no molestar al silencio en su descanso,
Me acurrucaré en el bolsillo de mi sombra
para no robarle protagonismo al llanto.
Caminaré descalzo y de puntillas,
Para no manchar la impoluta virginidad
de la lengua de las mariposas,
Y el perfume de las soleadas mañanas
después de llover toda la noche,
En los horizontes de mi mirada.
Voy a vivir sin ruido,
Para que no me descubra la culpa
y cargue más mis hombros
de pesadas losas enfangadas,
En hechos con pasado de juventud alocada
y actos de madurez inacabada.
Voy a borrar mi silueta,
Para no estorbar al polvo suspendido en el aire
cuando filtra la luz que entra por mi ventana
rayando paralelos inocuos: robados al día.
Voy a cerrar mi garganta,
Para no dar malos consejos y vacíos discursos;
De novelista sin historias
y guionista de mimos muertos.
Voy a diseminar mi cuerpo,
Para no dejar mí huella en el respaldo de una silla.
Voy a cerrar mis manos, a cerrar mis ojos,
Y así nadie sufrirá más daño.
Dejadme a mí las culpas, y yo,
Las enterraré en mi calvario.

F. Rubio (c) 

martes, 26 de octubre de 2010

La suavidad olvidada:




La suavidad olvidada:

En la dársena están fondeando mis manos,
de sus gastados huesos las están desguazando.
Antes, hábiles recolectoras de caricias
que posaban nenúfares en las fases de la luna,
y exploraban nuevos mundos ávidos de censura
en los taciturnos reversos de fragancias sensitivas.
Trazaban con sus dedos, círculos placenteros
en aréolas de la noche con mascaras clandestinas.
Ahora, temblorosas y secadas de dudas,
sombrean paraísos escondidos en sus ojos.
Y a tientas, buscan en cajones usados,
las huellas perpetuadas por el polvo desecado
y alguna brizna de juventud que olvidara
en la madera sin barbecho y el musgo
petrificado con alma de fósil extinguido,
bajo la epidermis labrada por el tiempo.
Escarban abruptas grietas en sus memorias,
como la azada levanta la tierra
para oxigenar la próxima siembra.
Pero el cauce ennegrecido y seco de mis venas
impide los ágiles saltos del fluido torrentoso,
y el tacto apenas distingue ya, la suavidad, de lo áspero.
Manos yertas, que esperan ser ungidas
por bálsamos olorosos, en su eterno descanso.


F. Rubio ©

miércoles, 20 de octubre de 2010

Los Asesinos de los sentidos:


                                
         Los Asesinos de los sentidos:

Que mi último latido
traspase las rejas
y se convierta en grito
por las calles mudas
de pobreza comida
por el barro.

Que mi último suspiro
se convierta en círculo de aire
y encadene en la trena
las sandalias de aquel
que pisa la vida.

Que mi última mirada
no la ciegue el pañuelo
fusilado frente al muro
y se vista de paloma mensajera
de fértiles poesías
para los olvidados.

Que mi último silencio
se escriba con susurros
de nanas arrullando
las aguas de las lágrimas
que salarán mis heridas.

Que mi última gota de sangre
empape las palmas de mis manos
y el niño yuntero labre en ellas
la historia de mis sueños.

Que levante la cara y grite...
¡Podréis pararle el latido,
apagarle el suspiro,
cegar su mirada y
enmudecerle su silencio!

Pero su última gota de sangre,
caerá sobre la tierra roja
que mañana parirá la libertad.
F. Rubio.

A Miguel Hernández en su centenario

sábado, 31 de julio de 2010

Mí amada luna:





Mí amada luna:
Emancipada de la noche,
Aposenta tu plumaje
Y desnuda en el cielo
Tus perlados hombros
Gestando hialinas ubres
Colgadas de las nubes.

Mí amada luna:
Embaucadora sibilina
Mordisqueada de besos,
Soslaya balcones
En tu cuerpo y acamparé
En el oasis de tu ombligo,
Para beber el vino lujurioso
Que emana torrentes
En mis bajos soportales.

Mí amada luna:
Tallada por la noche
En el marfileño deseo,
Ven a acostarte a mi lado
Y nos amaremos sin premuras
Epigrafiando la concepción
De los versos de un poema.

domingo, 25 de julio de 2010

Y arriba ya no queda nada:




Y se hizo la noche con su longevo negror,
Y su espeso gesto dormido.
Miré en su interior sin poder ver nada,
Tan solo la oscuridad,
Que fijamente me miraba
Y robando la luz de mis ojos…
Supe, que arriba ya no había nada,
Nada con que soñar…
Nada por lo que vivir…
Nada que me ate aquí…
Nada, nada, nada.
Y se hizo la noche con sus gestos sin vida,
Con sus lacónicos sonidos.
Ungiendo mi frente,
Vertiendo desanimo en mi destino,
Bañando de frio mis oídos
Y ahogando mi pensamiento
En su oscuro rio y su profundo abismo.
Y ya no lloro…
Ya no vivo…
Tan solo… siento frio.

F. Rubio

domingo, 4 de julio de 2010

Se oxidó el silencio:




Se oxidó el silencio:

El tiempo, me va dejando solo
como a una baranda
en un viejo mirador
de la montaña más olvidada.
Mi cuerpo se despoja capa a capa
de piel óxidada,
dejando al descubierto el esqueleto,
de una escultura
erosionada por el silencio.
Sangra mi costado,
regando mis zapatos pisada tras pisada
dibujando en mí camino,
La firma de mi triste figura y,
el maltrecho dolor
que me ha acompañado.
El olvido, clavó la lanza de longino
asegurando mi muerte
y derramando el agua que fecundó mí destino,
perforando el viejo metal
que había forjado… tu amor y el mío.

F. Rubio

sábado, 22 de mayo de 2010

Los celos del mar, la luna y la noche:


Los celos del mar, la luna y la noche:

Cuando las olas recogen sus rizos
y dejan vacías las huellas de la arena,
gimen las rocas ruborizadas
observando las embestidas de la noche
que cabalga sobre la luna desnuda.

El aire silba notas de violines
y el horizonte…
corta como el filo de una espada,
el reflejo refulgente del mar enamorado.

Desprendiéndose de las intimidades celestiales,
las estrellas una a una van cayendo 
sobre el rojo lecho de coral tejido 
por los besos silenciosos de la noche.

Y al despertar el alba,
la luna abandona los abrazos nocturnos
dejando corazones dibujados en la playa,
y el mar, embravecido por los celos,
con sus olas los va borrando. 

F. Rubio 

viernes, 7 de mayo de 2010

Quizás algún día:


Quizás algún día:

Quizás algún día,
La rosa muera en mi pecho
De primavera tardía 
Y un caracol recorra mis huesos
Comiéndose las hojas muertas.

Quizás algún día,
La luna se bañe en besos
De nata y mermelada de fresa
Y abandone la noche en la cama
Para engañarla con el día.

Quizás algún día,
El agua riegue mi campo
Dándole verde a mi vida
Y en ella florezcan versos
Entre los surcos de mi tristeza
Y los trigales de tu alegría.

Quizás algún día,
Tú dejes la pena en la sombra
Y me traigas en un bolsillo
El fuego de tu sonrisa 
Para encender una llama 
Entre tu cuerpo y el mío.

Quizás algún día,
Tú vueles con el viento
Humedeciendo las olas
Que refrescan mi arena 
Y podré despertar cada mañana
Abrazado a tu mirada.  

F. Rubio 


miércoles, 21 de abril de 2010

En el lugar donde habita el olvido:


En el lugar donde habita el olvido:

En las tejas de mi viejo tejado
Se va acumulando la nieve,
Y mis sienes, 
Frías se van quedando,
Aunque las cobije bajo un sombrero
De años y recuerdos abrigados.
Los cristales de mi ventana,
Apenas dejan pasar la luz del día,
Y a lo lejos los arboles me llaman,
Echan de menos los paseos matinales,
Y el eco de mis pensamientos
Que se columpiaban en sus ramas.
En la verja de mi patio ya baldío,
Hay una puerta entornada,
Y un perro que sentado espera 
La salida de su amigo,
Se está quedando dormido en la piedra,
Y junto a la mecedora de mi porche,
Está enraizando el olvido.

F. Rubio

viernes, 16 de abril de 2010

Noches en un papel:




Noches en un papel:

Tú fuiste mi faro en la luna,
Y hoy, 
escribo en mi cara,
y en mis manos,
lágrimas rotas que viajan 
en un papel, 
y que el viento lleva hacia ti.

Escribo en un puñado de tardes 
donde te extraño,
he intento imaginarte
abrazándote a mí.

Tan lejos,
 y tan cerca,
que mis ojos no aciertan
a ver las letras que escribo
en las hojas suspendidas
de tu imagen.

Escribo versos rotos,
intentando borrar las noches
que sufro sin ti.

Noches ahogando mi vida,
y besándote en la oscuridad,
bajo mi almohada.

Inventando caricias
que me saben a sal.

Hoy te mando besos
encerrados en un sobre,
con un sello mal pegado,
por un soplo de dolor.

Y esperando que me abras 
un rinconcito,
en tus noches de papel.

F. Rubio 


martes, 2 de marzo de 2010

La espera de una rosa muerta:



La espera de una rosa muerta:

Hoy, como cada tarde
 la he visto llegar,
se sienta sola
en un rincón a esperar.

Como cada tarde
 al perderse el sol,
ella está ausente,
esperando su amor.

El bolso en su regazo,
sus manos sujetándolo
y su mirada cándida,
como la vez que la besó.

Como cada tarde,
 lo espera tras el cristal
con la mirada perdida,
 en el café de la estación.

Los trenes pasan,
el reloj avanza
y ella, mira cada puerta,
cada vagón.

Cuando se paran,
cuando se abren,
cuando baja alguien,
da un salto su corazón.

Como cada tarde,
con lápiz y papel ,
sobre la fría mesa
escribe cartas a un amor.

Cartas que nunca le dio,
y que guarda
junto a la rosa muerta,
que un día el besó.

F. Rubio (c)



A Salamanca y al Tormes:




A Salamanca y al Tormes:

Bancadas de piedra cortando
la cabellera del río, peinan
arcos de historia y leyendas.
Caminos de adoquines negros
entre dos puertas abiertas,
paseos de enamorados
bajo farolas postmodernas.
Enciende el espejo la noche,
donde la luna baila sola.
Arte romano del río Tormes,
puente rendido al lazarillo
que canta a la lavandera
arrodillando la quebrada.
Mientras el peregrino pasa
dejando su huella impregnada
en la vía de la plata.
Puerta del río de Salamanca
que sus torreones abrazan
donde Fray Luis de León
Alzó muros de poesía,
y Espronceda sembró la orilla
de eternos amores cautivos.
Donde los pintores sueñan
que su catedral es el cielo,
y su río el camino lácteo
del universo salmantino.


F. Rubio (c) 

lunes, 8 de febrero de 2010

Por ti, seré el sacrificio:




Por ti –
 Seré el sacrificio,
en el ritual de tu vientre incandescente.
Yo seré-
 El ágape ofrendado a tus caricias
un manjar de lujuria sacrificado a tu carne,
sin temor a evaporarme en suspiros,
como el agua en el calor de tus besos.
Yo me ofrezco-
 A ser devorado en abrazos sumisos
como el macho de la mantis religiosa.
Te dejo mi vida-
 Y eternizo mis sentidos,
en copulas eternas de noches nupciales.
Yo te serviré-
 En las cabalgadas torrentosas
de tus estremecimientos desbocados,
como un potro retorciéndose bajo tus espuelas,
agarrado al nácar almidonado de las sabanas.
Yo sucumbiré-
 A tus deseos caudalosos
en el fango terrenal moldeado por ti,
con sincronizadas envestidas de aliento
 en las simas de tu selva humedecida.
Yo seré-
 El que sacie tu sed de amor.

F. Rubio



domingo, 7 de febrero de 2010

Mañana lo dejo:


Mañana lo dejo:
Como el meandro de un rio,
giras y te marchas dándome la espalda,
no vuelves la mirada atrás
para que no te vea llorar,
pero el espejo de una nube
derrama perlas de sal en cada paso
que te aleja de mi puerta.

Te vas perdiendo poco a poco
Entre el atardecer, el humo de los coches
Y los chopos grises de la acera,
al doblar la esquina,
ya ni el olor a tu cuerpo me llega.

Miro mis manos: en ellas,
Apenas quedan cien hojas de un diario
escrito en la tristeza de madrugadas en vela.

El diario de un noctambulo camarero
cansado de servir copas,
a putas y borrachos salidos,
en un antro donde se beben sus depresiones,
o ahogan su amargura entre whisky
y lencería gastada por el uso y el roce,
en los asientos traseros de los coches.

Otra noche más, otra madrugada caminando
hacia una cama desierta,
donde ya no habita el calor,
ni el perfume a noches despiertas.

Se marcharon calle abajo
dejando sus lágrimas de cristal,
cansadas de esperar promesas
de un, -mañana lo dejo-.

F. Rubio


jueves, 4 de febrero de 2010

Se olvidó de volar.


Se olvidó de volar.

Rompió a llorar la golondrina, 
cuando se quedó sin barro para tejer su nido.

Sus alas que surcaban mis primaveras
se cansaron de dibujarme el cielo.

Se puso a llorar la golondrina,
cuando se helaron las flores
Y vio que había perdido el rumbo
entre el desierto y la nieve. 

Se olvidó de volar hacia el sur,
enamorada de un sueño 
que preñó su canto 
posada en mi ventana.

Se olvidó de volver de noche a su cama,
Se olvidó: que en el norte,
las noches de invierno son frías y largas.

Y lloró la golondrina,
sabiendo que no volvería
a anidar bajo mis pestañas.

Y llora la golondrina,
porque no podrá volar entre mis ojos y el sol.

Se le han secado las alas, 
dormida en el beso de un invierno.


F. Rubio

lunes, 4 de enero de 2010

Costa brava:


Costa brava:
Agitando sus alas,
una paloma azul…
Sembró en ti la mañana.
Y acercándose al sol,
Dio luz de oro
 a tu arena refinada.
Un pino verde
que la miraba,
Extendió sus ramas
E hizo de ti,
una diosa perfumada.
Verde el pino
que te dio nombre
de mar brava,
Azul la paloma
que sus alas agitaba.
De las hojas del olivo,
Te dieron las olas plateadas.
Azul y dorada,
verde y plateada.
¡Costa del mediterráneo!
¡La mar de mis entrañas!

F. Rubio