domingo, 15 de octubre de 2017

A ti Picapedrero. – (Papa Quico)




(A mi abuelo Francisco Rodríguez, con la mano en el corazón)

De allí llegaste con las manos encallecidas,
de allí, donde nació el canto del jilguero y la piedra tosca;
La rama del olivo y la rueda del molino.
Allí, donde el aire sabe a verde,
Y la lluvia riega la mica
del granito esculpido con tus manos.
Esa tierra que te dio el genio,
esa tierra que te hizo rebelde
desterrándote del vientre a fuerza de hambre.
De allí vengo dice tú sangre,
de allí te traigo en lo más adentro.
Raíces de sarmiento,
aroma de vid en los costados de una vendimia,
Y aceitunas de noviembre
que las mulas traen en los serones.
Esa es la herencia que te dejaron en un hatillo
camino de otro monte, camino de otra tierra,
Buscando un mendrugo de pan,
buscando calor de otra hoguera
con el que poder insuflar más vida…
más abrigo a tus vástagos.
Alquitrán en las carreteras y carbón en los pulmones,
la fuerza de tus creencias y la ganas de darles una vida nueva,
jamás te vieron desvanecer, ese no era tu estigma.
La mirada alta y la boina calada, y ese mal nacido en la televisión,
Me moriré antes que el… decías.
yo te extraño abuelo, yo te extraño.


F. Rubio ©

viernes, 12 de mayo de 2017

Ahí dentro. -











Cuando el dolor te ahoga y sientes morirte;
¡Grita! aunque tan solo sea para dentro.
¡Ríe! que nadie te pregunte qué te pasa,
Disimula, quizás así pueda que pase el dolor.
Tan solo tú sabes que pasó ahí dentro
o qué causó esa herida, que tan difícil cura tiene,
que mortifica el día a día.
No dejes que la oscuridad salga, ilumina la cara,
Que nadie te pregunte qué te pasa.

F. Rubio (c)