viernes, 18 de mayo de 2018

Mañana cuando amanezca.




Hoy he despertado sintiendo que se me fue el pasado
pensando en los errores que cometí con los que me aman,
con los que amo.

Y que ya nada arreglará que siga caminando descalzo,
Que nada impedirá las heridas de los guijarros en mis pies,
Y no…
No quiero seguir despertando así.

Sé que cuando vuelva a despertar,
Sentiré que estoy a salvo de caminos vestidos de culpa
y no sentiré soledad.

Mañana al despertar,
pensaré como enterrar las heridas.

Abrir mis ojos y ayudarlos cuando miren atrás,
Ser camino y no el abismo en sus corazones.

Ya desbordaron bastantes mares en mis ojos y naufragios en mi alma,
Ahora quiero ser faro para los que me aman… para los que amo.

Quiero regalarles la vida cuando estén tristes y dibujarles una sonrisa
en el aire o en la espuma de las olas cuando besen la arena.

Mañana cuando amanezca…
Tatuaré el sol en mi memoria, y lo miraré cada vez que despierte.

F. Rubio ©


domingo, 15 de octubre de 2017

A ti Picapedrero. – (Papa Quico)




(A mi abuelo Francisco Rodríguez, con la mano en el corazón)

De allí llegaste con las manos encallecidas,
de allí, donde nació el canto del jilguero y la piedra tosca;
La rama del olivo y la rueda del molino.
Allí, donde el aire sabe a verde,
Y la lluvia riega la mica
del granito esculpido con tus manos.
Esa tierra que te dio el genio,
esa tierra que te hizo rebelde
desterrándote del vientre a fuerza de hambre.
De allí vengo dice tú sangre,
de allí te traigo en lo más adentro.
Raíces de sarmiento,
aroma de vid en los costados de una vendimia,
Y aceitunas de noviembre
que las mulas traen en los serones.
Esa es la herencia que te dejaron en un hatillo
camino de otro monte, camino de otra tierra,
Buscando un mendrugo de pan,
buscando calor de otra hoguera
con el que poder insuflar más vida…
más abrigo a tus vástagos.
Alquitrán en las carreteras y carbón en los pulmones,
la fuerza de tus creencias y la ganas de darles una vida nueva,
jamás te vieron desvanecer, ese no era tu estigma.
La mirada alta y la boina calada, y ese mal nacido en la televisión,
Me moriré antes que el… decías.
yo te extraño abuelo, yo te extraño.


F. Rubio ©

viernes, 12 de mayo de 2017

Ahí dentro. -











Cuando el dolor te ahoga y sientes morirte;
¡Grita! aunque tan solo sea para dentro.
¡Ríe! que nadie te pregunte qué te pasa,
Disimula, quizás así pueda que pase el dolor.
Tan solo tú sabes que pasó ahí dentro
o qué causó esa herida, que tan difícil cura tiene,
que mortifica el día a día.
No dejes que la oscuridad salga, ilumina la cara,
Que nadie te pregunte qué te pasa.

F. Rubio (c)

martes, 6 de diciembre de 2016

Las caricias que la luna soñaba. -





Ya la tarde se pone y pintándose los ojos la luna viene
Esta cerca la noche y con ella su madrugada
Duérmete chiquillo que el cielo ya oscureció
Que las estrellas lucen porque se fue el sol
y al ladito de tu cama dormiré yo.
  
Ya viene la noche con su oscura cara
La pintan de negro con negro tizón
Los campos dormitan y el grillo despierta
Al pie del terruño escondido el rocío humedece las flores
Donde la araña teje collares de sus gotas salen los mares
Perlas de agua que tiñen de plata los rayos solares.

La luna llora porque se ha quedado sola,
Le ha dejado el sol escondiéndose detrás de la montaña,
rota y desquiciada en el rio se ha metido
quiere ahogar sus penas entre la espuma y el junco
ya la luna no quiere que le alumbren las estrellas
entristecida esperando un plateado amorío
sola pasa la noche sentada bajo el olivo
soñando con caricias que ha perdido.

Ya despierta la mañana y orgullosos el sol camina
Andorrero con sombras y altanero se pasea
No sabe que murió la luna sollozando
detrás de los barrotes de una ventana
que el sauce la veló a su paso por la alameda
llorando los lirios la perfumaban
y escondida en la noche la luna se apagaba
ya no hay amores ni las caricias que soñaba.

F. Rubio ©

jueves, 1 de diciembre de 2016

Cuando ya no silba el viento. -






Las hojas caen en aceras frías
desgastadas por los pasos,
El viento silba y
la voz se esconde del silencio.
Como un susurro llega la tormenta,
alumbrando guirnaldas
en las esquinas de las pestañas.
Miramos fijos al cielo
y una nube se derrama
inundando los rincones más escondidos
de nuestros cuerpos.
Corremos a escondernos,
pero ya no tenemos tiempo,
hemos naufragado.

Y el agua derrumba los arroyos arrastrando
y revolcando nuestros corazones,
hasta quedar varados
en las oxidadas rejas del asfalto,
y en la acequia...
uno a uno se van muriendo
sin darse cuenta que ya no sangran,
que no laten,
que sus venas se han ennegrecido
y  no riegan nuestros lánguidos cuerpos.

Las hojas caen,
y el viento sigue agitando,
y en la fría noche,
la mirada cansada
cae por el suelo descalzando pisadas,
olvidando quienes somos
y persiguiendo rastros de sombras.
Recogemos nuestros corazones erosionados...
y luego nos vamos.

Las hojas siguen cayendo,
y ya es imposible decir lo siento
Ya no quedan huellas,
ya no hay rastros, ni alientos,
Ni tan siquiera quedan las cenizas,
ni los cauces de los llantos.
Solo el vacío de ríos secos
y recodos sin cobijo,
Ya las sombras se anegaron de tristezas,
Y no silba el viento,
ya el frio se hizo eterno.

F. Rubio ©