martes, 6 de diciembre de 2016

Las caricias que la luna soñaba. -





Ya la tarde se pone y pintándose los ojos la luna viene
Esta cerca la noche y con ella su madrugada
Duérmete chiquillo que el cielo ya oscureció
Que las estrellas lucen porque se fue el sol
y al ladito de tu cama dormiré yo.
  
Ya viene la noche con su oscura cara
La pintan de negro con negro tizón
Los campos dormitan y el grillo despierta
Al pie del terruño escondido el rocío humedece las flores
Donde la araña teje collares de sus gotas salen los mares
Perlas de agua que tiñen de plata los rayos solares.

La luna llora porque se ha quedado sola,
Le ha dejado el sol escondiéndose detrás de la montaña,
rota y desquiciada en el rio se ha metido
quiere ahogar sus penas entre la espuma y el junco
ya la luna no quiere que le alumbren las estrellas
entristecida esperando un plateado amorío
sola pasa la noche sentada bajo el olivo
soñando con caricias que ha perdido.

Ya despierta la mañana y orgullosos el sol camina
Andorrero con sombras y altanero se pasea
No sabe que murió la luna sollozando
detrás de los barrotes de una ventana
que el sauce la veló a su paso por la alameda
llorando los lirios la perfumaban
y escondida en la noche la luna se apagaba
ya no hay amores ni las caricias que soñaba.

F. Rubio ©

jueves, 1 de diciembre de 2016

Cuando ya no silba el viento. -






Las hojas caen en aceras frías
desgastadas por los pasos,
El viento silba y
la voz se esconde del silencio.
Como un susurro llega la tormenta,
alumbrando guirnaldas
en las esquinas de las pestañas.
Miramos fijos al cielo
y una nube se derrama
inundando los rincones más escondidos
de nuestros cuerpos.
Corremos a escondernos,
pero ya no tenemos tiempo,
hemos naufragado.

Y el agua derrumba los arroyos arrastrando
y revolcando nuestros corazones,
hasta quedar varados
en las oxidadas rejas del asfalto,
y en la acequia...
uno a uno se van muriendo
sin darse cuenta que ya no sangran,
que no laten,
que sus venas se han ennegrecido
y  no riegan nuestros lánguidos cuerpos.

Las hojas caen,
y el viento sigue agitando,
y en la fría noche,
la mirada cansada
cae por el suelo descalzando pisadas,
olvidando quienes somos
y persiguiendo rastros de sombras.
Recogemos nuestros corazones erosionados...
y luego nos vamos.

Las hojas siguen cayendo,
y ya es imposible decir lo siento
Ya no quedan huellas,
ya no hay rastros, ni alientos,
Ni tan siquiera quedan las cenizas,
ni los cauces de los llantos.
Solo el vacío de ríos secos
y recodos sin cobijo,
Ya las sombras se anegaron de tristezas,
Y no silba el viento,
ya el frio se hizo eterno.

F. Rubio ©