jueves, 1 de diciembre de 2016

Cuando ya no silba el viento. -






Las hojas caen en aceras frías
desgastadas por los pasos,
El viento silba y
la voz se esconde del silencio.
Como un susurro llega la tormenta,
alumbrando guirnaldas
en las esquinas de las pestañas.
Miramos fijos al cielo
y una nube se derrama
inundando los rincones más escondidos
de nuestros cuerpos.
Corremos a escondernos,
pero ya no tenemos tiempo,
hemos naufragado.

Y el agua derrumba los arroyos arrastrando
y revolcando nuestros corazones,
hasta quedar varados
en las oxidadas rejas del asfalto,
y en la acequia...
uno a uno se van muriendo
sin darse cuenta que ya no sangran,
que no laten,
que sus venas se han ennegrecido
y  no riegan nuestros lánguidos cuerpos.

Las hojas caen,
y el viento sigue agitando,
y en la fría noche,
la mirada cansada
cae por el suelo descalzando pisadas,
olvidando quienes somos
y persiguiendo rastros de sombras.
Recogemos nuestros corazones erosionados...
y luego nos vamos.

Las hojas siguen cayendo,
y ya es imposible decir lo siento
Ya no quedan huellas,
ya no hay rastros, ni alientos,
Ni tan siquiera quedan las cenizas,
ni los cauces de los llantos.
Solo el vacío de ríos secos
y recodos sin cobijo,
Ya las sombras se anegaron de tristezas,
Y no silba el viento,
ya el frio se hizo eterno.

F. Rubio ©